3 colegios de Huechuraba podrían caer en riesgo de cierre por bajo puntaje SIMCE
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Las escuelas Las Canteras, Carlos Prats y Santiago Guayaquil podrían caer en la misma situación que vive el Centro Educacional el próximo año si no suben sus resultados en el SIMCE, según informó la directora de Educación de Huechuraba, Bárbara Soto, durante el Concejo Municipal del miércoles 05 de agosto. Todo esto, por efecto de un SIMCE que solo refleja la desigualdad social y que está siendo usada para cerrar colegios públicos, en vez de fortalecerlos.
El pasado miércoles 05 de agosto, la directora de Educación de Huechuraba, Bárbara Soto, informó en el Concejo Municipal de la situación del Centro Educacional de Huechuraba, que si no sube el rendimiento del SIMCE este año, podría cerrar en 2027, según informó el Ministerio de Educación.
Durante su exposición, surgió otra información que hasta ahora no se conocía públicamente, como es el hecho de que otros tres colegios municipales de la comuna podrían caer en ese mismo riesgo de cierre si no mejoran el puntaje SIMCE de este año: Escuela Las Canteras, Carlos Prats y Santiago Guayaquil.
Estos tres colegios públicos tienen dos años de malas evaluaciones, a pesar de que algunos tuvieron mejoras en 2025. De esa forma, en base a lo que exige la ley que define cómo se evalúa el desempeño de los colegios, deben volver a presentar mejoras para no caer en la situación en que hoy se encuentra el Centro Educacional de Huechuraba, que es tener tres años de una evaluación de desempeño “insuficiente”.
La Ley 20.529 dice que si un colegio mantiene cuatro años una evaluación “insuficiente”, será cerrado. Medición que se hace principalmente en base al SIMCE, que más que medir aprendizajes para mejorar, termina sepultando a los colegios, mayoritariamente públicos y con cada vez menos financiamiento en comparación a los colegios particulares.
El Pincoyazo preguntó a la directora de Educación qué ocurrirá si estos colegios tienen una evaluación insuficiente este año, ¿el Municipio deberá activar el mismo plan que ahora realiza con el Centro Educacional Huechuraba en estos colegios para evitar el cierre? “Sí. La diferencia es que el próximo año habría más tiempo, desde marzo. El año pasado las insuficiencias reiteradas se informaron en abril”, dijo Bárbara Soto.
Al preguntar sobre si cree que el sistema de evaluación a través del SIMCE es injusto y debería cambiarse o el problema es la calidad educacional a cargo de cada sostenedor, la directora respondió que “como sostenedor (municipio), asumimos plenamente la responsabilidad de mejorar los resultados cuando estos no son los esperados. Sin embargo, como docente, también me gustaría que la evaluación ampliara su mirada e incorporara otros factores que son fundamentales para el desarrollo integral de los estudiantes y que reconozcan la identidad y los proyectos educativos de cada escuela”.
El SIMCE: un sistema injusto
El uso que se hace del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE) es injusto porque no da un lugar importante al contexto social y material en el que se estudia. Al estar diseñado para arrojar siempre un número de colegios mal evaluados para luego ser cerrados, el sistema termina criminalizando la educación pública y, en el fondo, la pobreza, porque los colegios públicos son los que concentran los estudiantes con peores condiciones materiales para estudiar, con mayores dificultades de aprendizaje y con mayor riesgo de deserción, y todo eso con mucho menos recursos que los colegios particulares subvencionados y sobre todo que los particulares pagados.
Al ser una prueba estandarizada, el SIMCE genera una serie de efectos negativos para los procesos de aprendizaje que terminan reproduciendo la desigualdad que mide en sus evaluaciones:
- El SIMCE restringe los ámbitos de aprendizaje, ya que por la presión del resultado, los colegios tienden a concentrar los contenidos que se preguntan en la prueba. Esto se refleja, por ejemplo, en reforzamientos enfocados en lenguaje y matemáticas e incluso en ensayos del SIMCE, descuidando otras áreas y habilidades complejas que no mide el SIMCE, como es el pensamiento crítico, habilidades de expresión y la creatividad, entre otras. Todo esto, además, incentivado por mayores recursos a profesores y escuelas por buenos resultados SIMCE, al influir estos en la obtención de la “excelencia académica” (Ley 19.410).
- El SIMCE genera presión psicológica sobre los estudiantes al traspasar en gran parte la responsabilidad del futuro del colegio en los resultados que obtengan de sus pruebas, afectando así la autoestima, la convivencia escolar y la dimensión socio-emocional de los estudiantes.
- El SIMCE genera frustración y segrega a los estudiantes con dificultades para obtener un buen rendimiento o con necesidades educativas especiales que no siempre son atendidas, lo cual está directamente relacionado por las condiciones materiales de vida y estudio. Esto se traduce en frustración individual y social.
- El SIMCE causa la estigmatización de las comunidades escolares con bajos rendimientos en la prueba, en este caso, incluso con la amenaza de cierre de los colegios, que en su gran mayoría son escuelas públicas precarias, fomentando la privatización de la matrícula por efecto del cierre y traslado de estudiantes hacia colegios particulares-subvencionados..
- El SIMCE no representa un aporte a los procesos pedagógicos. La evidencia empírica señala que el SIMCE se ha usado muy poco de manera formativa, y una parte importante de las comunidades educativas cree que el SIMCE no ofrece información pedagógicamente relevante.
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