El traspaso a los SLEP: Cambia el sostenedor pero sigue intacto el modelo desigual
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¿Qué son los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP)?, ¿cómo surgen?, ¿cuáles están funcionando y cuáles aún no?, ¿representan un cambio de fondo o solo de forma de la educación pública en Chile?
Hablar de los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP) es hablar de cómo se administra la educación pública, pero para entender esto, primero es necesario un poco de historia.
El proceso de municipalización de la educación pública
Hasta antes del golpe de Estado de 1973, 8 de cada 10 estudiantes en Chile se educaba en una escuela pública bajo la tutela del Ministerio de Educación. Pero luego de que la dictadura creara la Constitución neoliberal de 1980 eso cambió. Junto con privatizar la educación, se traspasó el control de los colegios públicos a los municipios, descentralizando su administración y dejando a los colegios a la deriva de la situación económica de cada comuna.
Esta fórmula de privatizar y municipalizar -bajo la figura de alcaldes designados a dedo por la dictadura-, generó que la gran mayoría de colegios públicos ubicados en comunas pobres fueran condenados al desmantelamiento de sus capacidades materiales, y a competir en condiciones desiguales con los colegios particulares subvencionados. Eso se tradujo en una fuga masiva de matrícula hacia los colegios particulares subvencionados, creados de forma masiva desde los años 80s, y que además pueden cobrar mensualidad a las familias y recibir donaciones empresariales.
Cabe mencionar que la gran mayoría de estos colegios subvencionados están controlados por distintas congregaciones religiosas -principalmente católicas- y una amplia red de grupos empresariales, pero financiados con recursos públicos.
Si hasta los años 70 el 80% de la población asistía a un colegio público, actualmente esa cifra no supera el 35%. Y mientras los sectores más ricos se mantienen en colegios de elite donde estudia el 10% del país, el desmantelamiento de la matrícula pública se explica por la creación de colegios subvencionados que fueron incentivados con recursos públicos, y que son quienes hoy concentran el 55% de la matrícula a nivel nacional. Este es el sector que Kast quiere hacer crecer aún más.
Durante todo este tiempo, la educación pública lejos de mejorar, siguió hundiéndose en la falta de recursos, lo que derivó en peores condiciones materiales para el estudio, y por consecuencia, en peores resultados académicos vía pruebas estandarizadas como el SIMCE y la PAES, sumado al hecho de que quienes asisten al sistema público con los sectores más empobrecidos del país.
El papel del movimiento estudiantil
Durante los años 90, pero con más fuerza desde inicio de los años 2000, surgen oleadas de protestas del movimiento estudiantil secundario exigiendo -entre sus principales demandas- la desmunicipalización de la educación pública, siendo el año 2006 el momento más álgido, con una revolución pinguina que alcanzó una articulación nacional y que tuvo al gobierno de Bachelet contra las cuerdas durante varios meses, impugnando con fuerza el lucro en la educación y también la municipalización.
La respuesta del Estado neoliberal: desmunicipalizar sin tocar el modelo
Para responder a esta demanda, y luego de años de tira y afloja, en 2017 se promulgó la Ley 21.040 a través de la cual se cambia el modelo de administración que hasta entonces era hiper descentralizado (345 municipios), y se crean 70 nuevos servicios locales que administrarán los colegios públicos a nivel nacional, es decir, la administración pasa desde las municipalidades a estos nuevos Servicios Locales de Educación Pública, más conocidos como SLEP.


Una mirada crítica
El traspaso de la dependencia municipal hacia los SLEP es una reforma que cambia el sostenedor de los establecimientos, y si bien en el papel puede tener aspectos positivos en cuanto a salir de la hiper descentralización, mantiene intacto los elementos más estructurales de la educación de mercado, como es el sistema de financiamiento vía subsidio por igual a públicos y subvencionados, y que depende de la asistencia de las y los estudiantes, tal vez el mayor problema que tiene la educación pública, y que seguirá haciendo competir a colegios públicos con los particulares subvencionados en condiciones desiguales.
A esto se suman serios problemas de gestión y financiamiento del sistema, que hace que muchas veces estos procesos de traspaso al SLEP sean el manto para despidos masivos y del empeoramiento en las condiciones laborales, por efecto de homogeneizar en base a un sistema que no asegura los recursos en función de las necesidades.
En definitiva, el traspaso a los SLEP es un maquillaje que no está ni cerca de resolver la crisis de la educación pública en Chile, porque en realidad nunca fue diseñado para eso.





