Cuando el abandono también es violencia: la ley que busca proteger a la infancia en Chile
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Por Colectiva Resistencia Materna

Hay ausencias que no se explican.
Solo se sienten.
Un niño espera. Una niña pregunta. Una madre responde lo que puede, como puede.
“Está ocupado”, “no pudo venir”, “quizás la próxima semana”.
Pero la próxima semana no llega.
En Chile, el abandono parental no siempre se nombra, pero se vive todos los días. Y aunque el sistema ha avanzado en mecanismos para exigir el pago de pensiones de alimentos, hay una dimensión que sigue quedando fuera: la emocional.
Ahí, en ese vacío, es donde se instala la lucha de la colectiva Resistencia Materna Chile.
Las cifras son claras, pero no suficientes para dimensionar el problema.
Investigaciones y reportajes de CIPER Chile han evidenciado que la gran mayoría de las deudas por pensión de alimentos en Chile presentan incumplimientos, reflejando una falla estructural en la corresponsabilidad parental.
A esto se suma que más del 60% de los hogares monoparentales están encabezados por mujeres. Muchas de estas madres enfrentan mayores niveles de pobreza y sobrecarga laboral. La ausencia parental no es solo económica: también es afectiva y vincular. Y sin embargo, esa dimensión sigue sin una respuesta legal clara.
Una ley que nace desde la experiencia
Durante cuatro años, madres organizadas a través de Resistencia Materna Chile, levantaron testimonios, recopilaron antecedentes y trabajaron con profesionales en infancia para construir una propuesta concreta: el Proyecto de Ley de Abandono Parental (boletín 15.138-18).
Impulsado junto a las diputadas Ana María Gazmuri, Ana María Bravo, Karol Cariola, Carolina Tello, entre otras parlamentarias y con el respaldo de la bancada feminista, el proyecto logró avanzar en 2022 en la Cámara de Diputadas y Diputados. Dos años y siete meses de parálisis: la deuda del Senado con la niñez. La iniciativa legal no registra avances significativos desde finales de 2023, postergando una vez más la protección efectiva de las NNA.
Este proyecto, lejos de lo que podría pensarse, no se trata de castigar indiscriminadamente ni de interferir en vínculos sanos. El enfoque es claro: proteger la salud mental y el bienestar de niños, niñas y adolescentes (NNA).
En términos concretos, el proyecto establece que:
1. Se reconoce el Abandono Parental cuando existe: 1 año de incumplimiento total de visitas o 2 años de incumplimiento intermitente.
2. Patria y potestad, quién haya perdido la RDR por abandono Parental no podrá administrar los bienes.
3. Indignidad para heredar, quien abandona no podrá heredar de los hijos e hijas que abandonó.
4. Salidas del País: quién haya perdido la RDR por abandono Parental será el tribunal quién dé la autorización sin mayor trámite.
5. Si el cuidador principal está con enfermedad terminal o fallece no podrá solicitar el cuidado personal y administrar los bienes a quien fue suspendida la RDR por abandono Parental.
6. Toda y todo condenado por VIF y ASI (abuso sexual infantil) contra el NNA perderá todo derecho a exigir RDR y cuidado personal.
La propuesta NO tiene relación con la obstrucción del vínculo, al contrario, se busca aplicar cuando es el propio padre o madre quien decide no ejercer su rol.
El abandono no siempre deja marcas visibles. Pero sí profundas.
Psicólogos y especialistas en infancia coinciden en que la ausencia sostenida de una figura parental puede generar: sensación de rechazo, problemas de autoestima, dificultades en vínculos futuros, ansiedad o inseguridad emocional, entre otros.
El problema no es solo que no estén. Es que aparecen y desaparecen. Y eso desestabiliza profundamente a los niños.
Uno de los principales obstáculos que enfrenta el proyecto es la falta de patrocinio del Ejecutivo, clave para acelerar su tramitación.
Pese a solicitudes reiteradas a instituciones como el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, el Ministerio de Desarrollo Social y Familia y la Defensoría de la Niñez, no se ha otorgado respaldo.
Sin urgencia legislativa, el proyecto permanece detenido.
Quienes sostienen esta lucha no lo hacen desde espacios de poder. Son madres.
Madres que trabajan, cuidan, organizan y además levantan incidencia política.
Madres que —como ellas mismas dicen— lo hacen “desde sus propias violencias y sin recursos”.
“Lo mínimo que esperamos es que se reconozca la urgencia. No estamos hablando de nosotras, estamos hablando de nuestros hijos e hijas”.
¿Puede existir derecho a ejercer paternidad o maternidad sin asumir responsabilidades básicas?
Hoy, en Chile, la respuesta parece ser sí. Este proyecto busca cambiar eso. No desde el castigo, sino desde el CUIDADO.
Porque crecer en incertidumbre también es una forma de violencia.
Mientras el proyecto sigue en pausa en el Senado, miles de niños y niñas continúan creciendo en vínculos intermitentes, frágiles o inexistentes.
Y entonces la pregunta deja de ser legislativa. Se vuelve profundamente humana: ¿Qué significa realmente estar presente en la vida de un hijo o hija?


