La ofensiva ideológica del gobierno contra la diversidad sexo-genérica escolar
- 2 may
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Por Evan Fernandez, estudiante de 4º medio.

La reciente derogación de la Circular N° 781 no significa solamente un cambio rutinario dentro del sistema educativo en Chile. Es, en la práctica que viven miles de estudiantes secundarios, una clara señal política y cultural sobre las prioridades ideológicas del Gobierno de turno dentro de los establecimientos educacionales.
Durante su corta vigencia, esta declaración exenta obligaba a los centros educativos a incluir explícitamente en sus Reglamentos Internos de Convivencia Escolar (RICE) principios y medidas de no discriminación e inclusión con perspectiva de género.
La eliminación de esta circular por parte de la Superintendencia de Educación, este martes 28 de abril, a tan solo 5 meses de su publicación, evidencia algo fundamental: un abandono estructural hacia las niñeces y juventudes disidentes, al eliminar la claridad y la exigencia con la que se implementaban medidas para una convivencia escolar sana.
La diversidad sexo-genérica, la cultura de la discriminación y la violencia de género en los colegios son una realidad que niños, niñas, niñes y adolescentes que forman parte de la comunidad LGBTIQ+ viven día a día, en un país donde el término “inclusión” aún genera tensiones en las conversaciones. Esta derogación abre paso a que los establecimientos puedan decidir cómo y cuándo abordar un tema que hoy necesita garantías claras.
No todas las comunidades educativas tienen la disposición de implementar estos valores en sus reglamentos: pueden simplemente omitirlos o incluso retroceder en ellos. Quienes más notarán estas diferencias, y serán también los más vulnerados, son quienes ya se encuentran en situaciones de mayor atropello, como los estudiantes transgénero, que ya no contarán con un marco normativo fundamental que les permita sentirse resguardados.
Desde mi perspectiva como persona que forma parte de la comunidad trans, y que se relaciona diariamente con quienes viven estas mismas realidades, considero que la existencia de normas claras e inclusivas dentro del propio establecimiento escolar es fundamental para la validación de nuestra existencia en el espacio donde pasamos gran parte del día. No es la casa ni la calle: es el colegio, donde nos relacionamos con nuestros pares, donde desarrollamos nuestra identidad y donde deberíamos poder expresarnos con libertad. Por eso, es también el lugar donde se necesita validarnos y donde se debe asegurar un espacio inclusivo y libre de discriminación.
El desafío como estudiantes queer ya no es solo confiar en que las leyes serán suficientes —cosa que nunca han sido—, sino también construir espacios verdaderamente seguros y respetuosos dentro de los establecimientos a los que asistimos diariamente. Al quedar la protección a libre elección de cada institución, dejará de ser un derecho garantizado y pasará a convertirse en un privilegio.
Frente a esto, es nuestro deber y derecho fundamental organizarnos y movilizarnos para que estos retrocesos no pasen desapercibidos y para seguir avanzando hacia un sistema educativo verdaderamente inclusivo y libre de discriminación para todos los estudiantes, sin permitir que siga eliminando lo que con tanto esfuerzo hemos logrado.





