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Estudiantes hoy, trabajadores mañana: el problema de la conciencia de clase

  • hace 4 días
  • 4 min de lectura

El problema de las precarias condiciones en las que estudiamos o para qué futuro estudiamos, no se va a resolver en el SLEP ni en el Mineduc, porque la orden de recortar los recursos viene de más arriba y apunta contra toda la clase trabajadora. Esto quiere decir que los problemas y necesidades que tenemos quienes hoy estudiamos, no los tenemos por el solo hecho de ser estudiantes, sino más bien por la clase social a la que pertenecemos, lo cual debemos tener muy presente a la hora de pensar qué educación y país queremos y cómo nos organizamos para ello.




El actual momento político se caracteriza por una ofensiva del gran capital que consiste en aumentar los niveles de ganancia a costa del empobrecimiento masivo. Esto se materializa a través de distintas vías, como recortes al gasto público (salud, vivienda, educación, etc.), traspaso del alza de los combustibles a las familias trabajadoras, alzas en la cuenta de la luz y ahora también de los insumos para producir alimentos, y por efecto de todas estas, alzas en todo lo que consumimos, mientras nuestros salarios se mantienen estancados. 


El principal aspecto de la vida al cual hoy tenemos que poner atención es que nuestras familias tienen cada vez menos dinero para cubrir nuestras necesidades, para alimentarnos, pagar arriendo, medicamentos, cuentas, ropa, transporte, etc., sin ser la deuda una solución, porque ya estamos endeudados por una casa, por estudiar o para vestirnos, o porque simplemente no tenemos ingresos para acceder a un crédito que seguramente no tendremos cómo seguir pagando en 10 o 20 años con intereses.


En este escenario de empobrecimiento, la angustia de cómo llegar a fin de mes obliga a nuestras familias a buscar una salida, donde la única opción para la gran mayoría es trabajar más horas o buscarse una segunda y hasta tercera pega. Eso que se llama sobreexplotación, es el principal mecanismo que usa el gran capital para reproducirse, y nos deja cada vez con menos tiempo y más angustias.


Esta sobreexplotación es la causa de muchos problemas de salud mental, mientras el sistema nos dice que la responsabilidad es nuestra, que somos flojos o queremos todo gratis.



¿Quiénes somos los estudiantes y qué lugar ocupamos en la sociedad?


El periodo de nuestra vida que lo pasamos en el colegio, en el centro de formación técnica o la universidad es una etapa en la vida, y en ese sentido como jóvenes populares siempre debemos luchar por estudiar en condiciones dignas, pero el problema de las precarias condiciones en las que estudiamos o para qué futuro estudiamos, no se van a resolver ni en el SLEP ni en el Mineduc, porque la orden viene de más arriba y apunta contra toda la clase trabajadora. Por eso nuestra mirada de la realidad no puede quedar encerrada.


Esto quiere decir que los problemas y necesidades que tenemos quienes hoy estamos estudiando, no las tenemos por el solo hecho de ser estudiantes, sino más bien por la clase social a la que pertenecemos: un estudiante de un colegio particular pagado de Vitacura no vive los problemas de infraestructura o falta de insumos que vive un estudiante de un colegio público de cualquier población del país. Lo mismo aplica para la educación superior.


Quienes estudiamos, no somos entes que nos prendemos al entrar al colegio y nos apagamos al salir. Tenemos toda una vida afuera, relaciones, necesidades, deseos, conflictos, etc. Esto que parece obvio, no lo es tanto cuando pensamos en el problema de cómo construimos organización estudiantil.


¿Es que acaso la organización estudiantil solo tiene que ocuparse de los problemas que tenemos en nuestro lugar de estudio? 


¿Como estudiantes no tenemos nada que decir sobre cómo suben el precio de la comida, el transporte, la salud o la vivienda?


¿No tenemos nada que hacer ante el empobrecimiento de nuestras familias y vecinos, que también es el nuestro? 


Al menos vale la pena discutirlo y explorar formas de organización que vayan más allá 

del problema inmediato en la sala de clases.



A lo largo de la historia, el movimiento estudiantil ha podido influir en la situación política nacional no solo a través de procesos de lucha por demandas educacionales, sino también desplegando la protesta contra el empeoramiento de las condiciones generales de vida. Basta recordar el detonante de la revuelta de 2019: el alza del transporte público en $30 pesos -dentro de un contexto específico-, que avivó la evasión masiva en los metros como principal método de protesta, recibiendo la simpatía del resto de la población, cuyo malestar siempre latente conectó con la irrupción secundaria.


Desde El Pincoyazo creemos que hoy es necesario rescatar esta versatilidad que ha tenido el movimiento estudiantil a lo largo de la historia, pero no solo desde el plano de la protesta, sino también para reconstruir el tejido social más allá del lugar de estudio, creando espacios de trabajo y organización entre estudiantes y también junto a otros segmentos de la clase trabajadora. Y en ese proceso, discutir en conjunto qué tipo de educación y sociedad queremos para el futuro, y ya no solo protestar contra lo que nos pone enfrente el gobierno de turno.




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